¿Una Auditoría de Gestión a la URE? Pues... va a ser que no.
La Auditoría de Gestión puede definirse como el examen que se efectúa a una entidad, en la mayoría de casos de tipo empresarial, léase empresa, por un profesional o equipo multidisciplinar externo e independiente, con el propósito de evaluar la eficiencia de la gestión teniendo en cuenta los objetivos generales, su eficiencia como organización y su actuación y posicionamiento desde el punto de vista competitivo. El resultado final es un informe sobre la situación global de la misma y la actuación de la Dirección durante un determinado período de su gestión.
Pero, ¿en qué se funda dicha auditoria? En la EFICIENCIA, tanto en el cumplimiento de los objetivos y metas establecidos, y qué tan bien resuelven los directivos los problemas económicos, sociales y ecológicos que se presentan.
Cuando un equipo directivo releva en su totalidad o casi su totalidad al anterior equipo, en muchos casos se solicita dicha Auditoría. Es lícito solicitarla, siempre y cuando venga respaldada por la masa social, en el caso de las empresas por los socios capitalistas o la Propiedad, y en el caso de las entidades sin ánimo de lucro por la propia AGS. Estas Auditorias siempre aportan cosas buenas y cosas malas. Nadie es perfecto y cualquier gestión puede ser mejorada con recursos, integrando así el famoso triángulo del Management: calidad, coste y tiempo.
En otras ocasiones, la auditoria es solicitada por el propio equipo directivo actual, para así evaluar la propia gestión llevada a cabo en los anteriores años y, de esta manera, proponer líneas de actuación de mejora en los próximos años para el bien gobierno de la Entidad. Esta situación siempre es bien vista por la mayoría de socios.
A nadie se le escapa que para saber si lo hicimos, o lo hicieron, muy bien, bien, regular, mal o muy mal debe de conocerse la situación anterior, el famoso “tiempo cero”, así como el establecer una “línea de base” por debajo o encima de la cual diremos que “los antiguos gestores alcanzaron o no sus objetivos”.
A partir de aquí, pueden plantearse varias incógnitas:
1. ¿Tenemos unos objetivos anuales definidos y aprobados por la AGS que sirvan de “punto de partida”?
2. ¿Cuál es el grado de tolerancia o margen de cumplimiento de dichos objetivos, si los hubiese?
3. ¿Quién paga esta Auditoría?
4. ¿Quién fija la eficiencia o grado de cumplimiento de los recursos humanos disponibles, dícese “plantilla”, de trabajadores en nómina? ¿Algún auditor externo puede evaluar si las QSL de T33 se clasifican más rápido que las de HB?
5. ¿Quién es capaz de elucidar si el número de invitados a un Congreso anual es el que corresponde a este tipo de asociaciones?
6. ¿Qué auditor externo es capaz de determinar, facturas aparte, si los objetivos asociados a la acción de Radiosolidaridad en Timor han sido alcanzados acorde a sus fines previstos? Seguro que se han alcanzado, pero sin objetivos iniciales no sabemos si hemos cumplido el plan.
7. En cuanto a la gestión de los directivos hacia los fines sociales de la Entidad, ¿los han cumplido? ¿Han defendido a sus asociados ante la Administración? (Esta es una pregunta “de concurso”). ¿Qué se entiende por “defender a los asociados”? Según quién audite, nuestros actuales directivos pueden estar “en el infierno” o “en la gloria”. Esto se denomina “acción intangible”.
8. ¿Con qué asociación nos comparamos? ¿Cuál de ellas puede ejercer las funciones de “Gold Standard”, léase “referente”?
9. ¿Existen técnicas o procedimientos de control interno? ¿No? ¿Pues cómo vamos a conocer si lo estamos haciendo bien o mal?
Son muchas preguntas sin respuesta o con una respuesta con cierto grado de incertidumbre. Además, si el informe final de auditoria fija que podemos prescindir, por ejemplo, de tres empleados, ¿volvemos a pedir un crédito sobre Monte Igueldo o los seguimos teniendo en nómina por no poderlos finiquitar, económicamente hablando?
En definitiva: a los potenciales nuevos directivos que no quieran dar la imagen de que esta auditoría de gestión pueda convertirse en un ajusticiamiento hacia los anteriores miembros de la JDURE y, además, le cueste menos sangre, sudor y lágrimas a la entidad, y encima disponga de un referente externo mundialmente reconocido, les recomiendo que retiren del programa electoral la solicitud de la “Auditoria de Gestión” e incorporar en éste la petición de “Certificación de la Gestión de la Calidad basada en la familia de normas ISO 9001:2000”.
Alguien podrá pensar que no producimos “ni servicios ni bienes”. ¿Acaso los socios no recibimos un servicio?: tráfico de QSL, seguro, revista, gestión económica, congreso, etc. Por algo se empieza.
Los socios lo verían entonces, y con toda probabilidad, como un estado de mejora, no como un probable “linchamiento” de sus directivos anteriores a toro pasado.
Además, si la actual directiva lo llevase a cabo, seríamos la primera asociación de radioaficionados del mundo en conseguir dicha acreditación, buena tarjeta de presentación para solicitar la organización del congreso de la IARU en Madrid.
¿En el 2011? Algo justos, pero aún podemos llegar.
73, Jaume
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Autor: Toni Herrera
Me imagino que con toda tu preparación, sabrás lo que eso conlleva "transparencia enlos dineros" y por lo tanto, Auditoria externa, como mínimo de los dos últimos años de gestión de la URE.
Un cordial saludo y muchas gracias por tus críticas (constructivas) en tu anterior artículo que proximamente van a ser comentadas.
Toni EA3RE
Fecha: 21/07/2008 14:34.
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Autor: Juan Carlos Montalvo EA2AOV
La experiencia, dijo un filósofo de pueblo, es la repetición de los hechos. De lo que sufrimos o gozamos la vez anterior, obtenemos una lección que es una experiencia, por eso Moliére se atrevió a decir que solo había 163 modos de plantear una obra de teatro. Nos contó su experiencia, lo había intentado de más formas pero se repetía.
Hace 40 años, por diversas causas políticas que no vienen a cuento, cambiaron a todos los vascos y navarros su destino en la “mili” y nos vimos un 15 de Agosto marchando para Burgos. Estuve en Caballería en el Escuadrón Acorazado España nº 11 y tuve suerte por que entramos en el momento en que habían desaparecido los lanceros y los caballos y se estaba mecanizando. En la pared solo estaban las fotos de los Toas, carros ligeros, morteros pesados, morteros ligeros etc. pero los viejos edificios del cuartel estaban en pié. Hasta hace poco y si no lo han cambiado, en el centro de Burgos hay una explanada llamada Parking Caballería y allí mandaban desde el escuadrón a un pelotón con un cabo para realizar guardia en los edificios abandonados. Fuimos los que estrenamos el cetme y se llevaba una caja con 200 balas. A la mañana siguiente, una vez llegado el nuevo relevo de la guardia, el cabo realizaba el parte de novedades por escrito, entregaba la caja de balas a los que habían llegado y vuelta al escuadrón, frente a las Huelgas.
Todos los que entraban de guardia, sabían que en la caja no estaban las 200 balas. Había bastantes menos. Los veteranos se dedicaban a tirar en las cuadras, que decían habían albergado muchísimas caballerías.
Un día un cabo contó las balas y vio que no estaban las 200 y lo hizo constar en el parte. A la llegada al escuadrón se descubrió un pastel que llevaba años ocultándose por todos los jefes de pelotón. ¿Qué pasó? Aquellos tiempos fueron los del juicio sumarísimo en Burgos. Aunque alguno lo piense, ni hubo destierros, calabozo, cuarto de banderas para oficiales ni fusilamientos en masa. Un poco de revuelo en el cuartel solo para los mandos por que la tropa estaba al día, pero lo más importante de todo es a partir de ese día SE SUPO LA VERDAD.
Saludos de Juan Carlos EA2AOV
Fecha: 10/08/2008 00:19.


